Al día siguiente, a pesar de una noche de mal dormir, no me sentía tan cansada como antes. Cuando llegué a la oficina, Samantha me recibió con una enorme sonrisa y un abrazo.
—Amiga, te estaba esperando para tomar café conmigo. Pasé por una panadería cerca de casa y compré bollitos con chispas de chocolate.
—Adoro los bollitos con chispas de chocolate —le dije con una sonrisa—. Solo voy a dejar mi bolso.
Entré a mi oficina, guardé el bolso y encendí la computadora. Patricio llegó, se acercó a