CAPÍTULO 32. El comienzo de la pesadilla
—*—HAWK—*—
—Seth, ¿no se supone que deberías estar en el campo de entrenamiento?
Mis ojos se cierran por instinto porque solo quiero despertar y que todo sea una puta pesadilla. Pero no, la pesadilla tiene nombre y es Britney, en carne y tacones.
Britney Cunnigham, heredera de una de las fortunas más grandes de la ciudad. Caprichosa por naturaleza, sofisticada, toda una damisela de sociedad, de las que no se ensucia las manos porque tiene el teléfono de quienes se las ensuciarían por ella sin p