DDLT. CAPÍTULO 4. Un muchacho descontrolado
—*—HAWK—*—
—¿Qué tan jodido está? —preguntó poniéndome una camiseta y no me molesto en esconder el gesto de dolor.
—Nada que no pueda componer con algunas inyecciones y un par de semanas de reposo —replica Darlena—. Pero sabes que esto tiene fecha de caducidad, ¿cierto?
Cierro los ojos y respiro hondo, porque ya hace demasiado tiempo que no me dejo dominar por la desesperación cuando se trata de mi hombro.
—Tendré mis asuntos en orden antes de que ese día llegue —le aseguro—. Los negocios van b