DDLT. CAPÍTULO 2. En el infierno
—*—HAWK—*—
—¡Seis años! ¡Seis malditos años! ¡No puedes decirme que todavía…! ¡Que no hay nada…! ¡Tiene que haber algo! —vocifero mientras lanzo contra la pared uno de los balones que ya no significan nada para mí.
La vitrina de vidrio llena de trofeos se rompe estruendosamente y el hombre frente a mí, que me dobla la edad, se encoge sobre sí mismo.
—Lo siento, señor Ashbourne, pero según escuché soy el octavo detective que contrata. Si ninguno ha encontrado nada quizás sea porque ya no hay nad