CAPÍTULO 38. Un contrato millonario
—*—JOANNE—*—
Siento el cuerpo como si fuera de mantequilla. Me visto como puedo, a tropezones, y Betty me espera afuera con la cara pálida mientras sujeta mi certificado contra su pecho, como si fuera urgente mantenerlo a salvo para salvarme a mí.
—Jo…
—No digas nada —le suplico porque sé que acaba de escuchar también lo que dijo la enfermera, pero no puedo dejar que nadie más lo diga en voz alta.
Los escalofríos me recorren la piel como un mal presagio, y tiro de su brazo para salir de ahí.
No