Omar
Constanza sigue despotricando y sermoneándome mientras nos dirigimos a la salida del hospital. Ese estúpido cobarde se fue con la cola entre las patas, asustado por mis pequeñas amenazas. ¿Cómo quiere que lo respete si se caga en los pantalones a la más mínima?
Es un rival tan débil que incluso me ofende. Claro, si es que se le puede decir así. No es como que yo vaya a intentar algo con esa niña irresponsable. Antes que hacer eso, prefiero volver a prisión.
—Tuviste suerte de que nadie te