Constanza
Después de que me recupero un poco de la locura que acabo de vivir, Omar me lleva a ver a Gina. Sin embargo, él prefiere quedarse afuera; no desea verla porque se siente muy culpable.
—No eres culpable, Omar —le digo—. Aunque la hayas molestado, no lo eres. ¿Cómo ibas a saber que los pistachos le causan alergia? No eres adivino. Tal vez Antoine le hubiera dado ese cruasán de todos modos.
—¿Cómo sabes el nombre de ese mesero? —gruñe, mirándome enojado—. ¿Gina te ha hablado de él?
Me ech