Constanza
Al llegar a casa y encontrarla vacía, siento un vacío en el estómago. ¿Cómo pudo arruinarse así mi primer día de trabajo?
Por más que intento volver a mi vida normal, el destino se empeña en seguir poniendo a ese par en mi camino. Sé que me merezco sufrir por haber sido una tremenda zorra, pero ¿acaso ni el peor de los pecadores merece una oportunidad para reformarse? Aunque el deseo y el morbo corran por mis venas, estoy más que decidida a abandonar esa vida de lujuria y centrarme en