Constanza
—¿De nuevo volviste a seguirnos? —me burlo—. No pensé que el mismísimo presidente de la nación tuviera tanto tiempo libre.
—No lo tengo, pero alguien me saca de mis malditas casillas una y otra vez.
—¿Sí? ¿Y ese alguien soy yo?
—No —afirma sonriendo—. Es ese maldito infeliz que no se despega de ti. ¿Qué fue lo que le diste, Constanza?
—Al parecer, lo mismo que a ti —respondo con una sonrisa cínica que borra la suya.
—¿Entonces le diste esto?
Doy un respingo al sentir la presión de su d