Constanza
—¡Llegaste, mi amor! —exclamo al verlo en el pasillo.
—Mi vida —dice con una sonrisa mientras me alza en brazos—. ¿Cómo te fue hoy? ¿Comiste bien?
—Sí, me sirvieron un almuerzo delicioso —asiento—. Gracias por mandar a que me cocinaran.
—No es nada, mi amor. Me preocupaba que me esperaras. Te conozco y eres muy capaz de hacer eso.
—Es que me encanta comer contigo —respondo con dulzura—. Pero no pude resistirme, perdón.
—No te preocupes, yo también almorcé con mi tío antes de ir al doct