Cillian
—Debe tranquilizarse, señor Davenport —advierte el doctor, tras revisar mi presión—. No solo tiene la glucosa alterada, también la presión está por encima de lo normal.
—Sí, me lo imaginaba —digo, restándole importancia.
—¿Y lo dices así como si nada, tío? —me reclama Damon, incrédulo—. No eres cualquier persona, eres el presidente de la nación.
—No por mucho —le recuerdo—. Además, si algo me pasara, Rogers se ocupará.
—Pero Rogers no puede sustituir tu lugar en la familia —replica mi so