Capítulo 80. No estoy moribundo.
Hospital Ángeles. Habitación 402.
El sonido del monitor cardíaco era lo único que rompía el silencio: bip... bip... bip. Bruno estaba recostado, con el respaldo de la cama elevado apenas unos grados. El dolor en las costillas era una mordida constante, clavada en su costado derecho, inmovilizándolo.
Miró el reloj en la pared. Eran las ocho de la noche. La lluvia golpeaba el cristal con fuerza. Se sentía inútil. Un león sin dientes. Mientras él estaba ahí, atrapado entre sábanas blancas y olor a