Capítulo 79. La huida.
Victoria no se giró. Solo se detuvo, como una empleada sumisa esperando una orden.
—¿Se les ofrece algo, señores? —preguntó, intentando imitar el acento alemán de Frida, pero su voz salió ronca y amortiguada por la bufanda.
—¿La señora Rivas sigue adentro? —preguntó el guardia, aburrido.
—Sí, señor. Está bañando al niño. Pidió toallas extra. Voy por ellas.
El guardia perdió el interés.
—Bien. Vete.
Victoria soltó el aire. Volvió a empujar.
Las ruedas del carrito rechinaron levemente sobre la al