Capítulo 78. La jaula de piel.
El silencio que siguió a la tormenta fue denso, pegajoso y absoluto.
La habitación estaba en penumbra. El sol de la tarde se había escondido detrás de los rascacielos de Reforma, dejando el cuarto sumido en sombras largas y grises que se arrastraban por las paredes de madera.
El aire olía a ellos. A sudor. A sexo. A la loción Tom Ford de Arthur mezclada con el perfume floral de Camila. Era un olor primitivo, animal, que llenaba los pulmones y no dejaba espacio para pensar con claridad.
Camila y