Capítulo 72. La puerta sin llave.
El silencio en el piso era denso, pesado, cargado de electricidad estática. Camila salió de la habitación de las niñas caminando descalza sobre el mármol frío. Había pasado la última hora vigilando el sueño de Hanna, asegurándose de que su pecho subiera y bajara al ritmo correcto.
Las niñas dormían como ángeles, ajenas a que su madre estaba caminando por un campo minado.
Camila no había podido cambiarse. Seguía con el vestido rojo de satín. La tela se le pegaba al cuerpo como una segunda piel