Capítulo 31. Deberías odiarla.

El restaurante L’Anima en Polanco era territorio neutral. Ni tan ostentoso como los lugares que frecuentaba Bruno, ni tan bohemio como los cafés donde Renata y Camila solían estudiar años atrás.

Era moderno, ruidoso y caro. El lugar perfecto para esconderse a plena vista.

Victoria llegó primero. Eligió una mesa en la esquina, de espaldas a la pared, para tener control visual de toda la sala.

Pidió un agua mineral y sacó su tablet, fingiendo trabajar, pero sus ojos no leían los gráficos. Su men
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