Capítulo 115. El precio de la muerte.
Las puertas del elevador se abrieron en el garaje subterráneo. El frío del sótano los golpeó. El auto blindado negro estaba encendido. El motor rugía bajo el capó. Las puertas traseras estaban abiertas de par en par. El chofer esperaba de pie, pálido como un fantasma al ver a su jefe.
Los guardias metieron a Arthur en el asiento trasero. Él soltó un gruñido ahogado. Sus costillas chocaron contra el cuero del asiento. Camila entró detrás de él. Se deslizó por la tapicería. Agarró a Arthur por lo