Capítulo 109. El foso de los directivos.
El elevador privado se detuvo. Piso noventa.
Las puertas de acero se abrieron.
Camila salió al pasillo.
La alfombra gruesa absorbió el sonido de sus pasos. Caminó con la espalda recta. La barbilla en alto. El traje sastre negro le quedaba como una segunda piel. Era su armadura.
Llegó al final del pasillo.
Las puertas dobles de roble macizo estaban cerradas. Dos guardias de seguridad flanqueaban la entrada.
Los dos hombres se enderezaron al verla.
—Abran —ordenó Camila. Su voz no tembló.
Los gua