80. Necesitamos hablar.
El eco de esa llamada sigue vibrando en mi cabeza mientras sostengo el teléfono con la mano inmóvil, como si el cuerpo necesitara unos segundos más para aceptar lo que acabo de escuchar, y al levantar la mirada hacia Adrián, encuentro en sus ojos esa misma tensión contenida que aparece cuando algo se rompe justo después de haber creído que estaba resuelto.
No digo nada de inmediato. Ordeno la información. Busco un punto claro desde donde avanzar.
—Tenemos que volver al estudio —digo finalmente,