73. Cuando todo se quiebra a la vez.
La madrugada entra sin anunciarse, con esa forma silenciosa que tiene el hospital de cambiar de turno, de renovar rostros sin alterar el ritmo, y me encuentro sentada con la espalda apoyada en la pared, sosteniendo el vaso de café ya frío entre las manos mientras observo la puerta de la habitación, siguiendo cada movimiento que ocurre detrás de ese vidrio opaco que deja ver sombras, figuras, actividad constante.
Sofi duerme con la cabeza apoyada en mi hombro, agotada, y Adrián permanece cerca,