71. Lo que arde sin romperse.
La tarde se desliza hacia la noche con una calma engañosa, porque el hospital mantiene ese ritmo constante que nunca se detiene, aunque por momentos parezca más lento, y yo sigo sentada junto a Sofi, con la vista fija en un punto indefinido, sintiendo cómo el cansancio se mezcla con una energía distinta que no desaparece, una tensión que no proviene solo de la preocupación, sino también de lo que quedó abierto entre Adrián y yo.
Él habla con alguien unos metros más allá, en voz baja, con ese to