64. El punto donde ya no alcanza con resistir.
La puerta de mi casa se cierra detrás de mí con un sonido suave que marca una separación clara entre el ruido de afuera y el ritmo contenido que intento sostener adentro, aunque esa frontera se vuelve frágil desde el momento en que sé que Adrián sigue ahí, a pocos metros, apoyado contra su auto, esperando una respuesta que no llega en palabras pero que igual se instala entre nosotros con una fuerza que no puedo ignorar.
Camino unos pasos hacia el interior, dejando el bolso sobre la mesa con un