63. La cercanía empieza a pesar.
El interior del auto guarda un silencio distinto al de la calle, más cerrado, más íntimo, como si cada sonido quedara contenido dentro de ese espacio reducido donde la cercanía no se puede disimular, y mientras Adrián conduce con una mano firme sobre el volante, la otra descansa cerca de la palanca de cambios sin moverse demasiado, pero su presencia llena todo, incluso sin mirarme de forma constante.
Miro hacia adelante, siguiendo el recorrido de las luces que pasan rápidas a través del parabri