60. Lo que queda cuando nadie más mira.
La cercanía no se rompe cuando se separa de mis labios, se transforma en otra cosa, más contenida, más consciente, como si ambos entendiéramos que cruzamos un límite que no se borra con facilidad y que ahora exige algo más que impulso para sostenerse sin caer en el mismo lugar donde todo se quebró.
Adrián no se aleja demasiado, mantiene la distancia justa para observarme con esa atención que siempre incomoda un poco, porque no se queda en la superficie, porque parece leer más de lo que digo, má