41. Donde la verdad cambia de dueño.
El llamado del asistente nos devuelve a la sala con una urgencia distinta, más afilada, más concreta, porque esta vez nadie disimula la expectativa y cada paso que doy junto a Adrián se siente como una cuenta regresiva que avanza sin pausa, y mientras cruzamos el pasillo percibo cómo las miradas ya no solo buscan entender lo que pasa, sino anticipar quién va a quedar expuesto cuando todo termine de acomodarse.
Entramos.
El auditor sigue en su lugar, aunque ahora su postura muestra una actividad