40. Donde todos miran y nadie perdona.
El pedido del auditor cae con una precisión que me coloca en el centro de todo sin margen para esquivar la situación, porque escuchar mi nombre en ese contexto confirma que cada movimiento que hice en las últimas horas ya forma parte de una evaluación más amplia, y mientras sostengo la mirada de Adrián siento cómo la tensión entre nosotros se redefine en un segundo, dejando de lado cualquier rastro de cercanía para convertirse en algo más firme, más enfocado, más consciente del riesgo.
Adrián s