193. Las campanas del lago.
Los tres golpes resonaron otra vez.
Toc.
Toc.
Toc.
Adrián y yo permanecimos inmóviles.
El beso acababa de terminar y todavía seguía rodeando mi cintura con los brazos. Pude sentir cómo sus músculos se tensaban de inmediato.
Las campanas dejaron de sonar.
Ahora solo existía el silencio.
Un silencio tan profundo que el golpeteo de mi corazón parecía llenar toda la cabaña.
Adrián apoyó un dedo sobre sus labios.
Asentí.
Se levantó despacio, procurando no hacer ruido. Antes de dar un solo paso, busc