188. La llave de Tomás.
Permanecí agachada unos segundos, sosteniendo la pequeña llave entre los dedos.
Era más pesada de lo que imaginaba.
El metal estaba frío, aunque el cuero que sujetaba la etiqueta conservaba cierta flexibilidad, señal de que no llevaba años expuesto al clima.
Aquello no era un objeto olvidado.
Alguien lo había dejado allí recientemente.
Adrián se inclinó a mi lado.
—¿Qué encontraste?
Abrí la mano lentamente.
La llave descansaba sobre mi palma.
La etiqueta osciló apenas con la brisa.
Tomás.
Él la