187. Ecos detrás de la puerta.
El sonido volvió a repetirse.
Una pisada.
Luego otra.
Lenta.
Sin ningún intento de ocultarse.
Adrián reaccionó antes que yo. Tomó la pequeña caja metálica, la guardó dentro de su mochila y me hizo un gesto para que me acercara.
Obedecí sin discutir.
Él se inclinó apenas hacia mi oído.
—No hagas ruido.
Asentí.
Por primera vez desde que entramos en la casa, el peligro dejaba de ser una posibilidad para convertirse en algo tangible.
Las pisadas avanzaban por el jardín.
Se detenían unos segundos.
V