165. La voz de una muerta.
—Era mi mamá.
La frase quedó entre nosotros.
Adrián me miró con una atención absoluta, mientras yo seguía sosteniendo el teléfono contra mi oído aunque la llamada había terminado varios segundos antes.
La pantalla se apagó.
El nombre de mi madre continuó apareciendo en mi cabeza.
Su voz.
La forma en que había pronunciado mi nombre.
La pausa que había hecho antes de advertirme.
No vayas a esa casa.
Me llevé una mano al pecho.
El corazón me golpeaba con fuerza.
—¿Qué te dijo? —preguntó Adrián.
—M