152. El hombre que no podía existir.
Sentí que el mundo entero se detenía alrededor de aquella única frase.
La enfermera seguía junto a la puerta, sosteniendo la pequeña tarjeta con absoluta normalidad, completamente ajena al efecto que acababa de provocar dentro de la habitación, mientras yo permanecía inmóvil junto a la cama de Adrián intentando convencerme de que había escuchado mal.
Era imposible.
Simplemente imposible.
Giré lentamente hacia él.
Su expresión reflejaba exactamente la misma incredulidad que sentía yo.
Durante va