148. El quinto nombre.
Durante unos segundos fui incapaz de apartar la vista de aquella hoja.
Las letras parecían moverse delante de mis ojos, aunque sabía perfectamente que seguían inmóviles sobre el papel. Leí el nombre una segunda vez, después una tercera, esperando descubrir que todo era un error provocado por el cansancio o por el miedo que llevaba acumulado desde hacía días, pero cada vez encontraba exactamente las mismas palabras.
Adrián Beaumont.
El último nombre.
El único que permanecía sin tachar.
Sentí que