146. La última voluntad.
La caja permaneció sobre la pequeña mesa de la habitación durante toda la noche.
Ninguno de los dos sintió la necesidad de abrirla inmediatamente.
Después de las últimas veinticuatro horas, el silencio había adquirido un valor distinto. Ya no representaba incertidumbre, sino una pausa necesaria para recuperar el aire antes de seguir avanzando.
La lluvia había regresado.
Las gotas resbalaban lentamente por el ventanal del hospital mientras la ciudad continuaba su rutina ajena a todo lo que estab