120. Tenía miedo.
No dormimos mucho aquella noche.
El cansancio estaba ahí, pesado, acumulado después de semanas enteras cargando problemas que parecían multiplicarse cada vez que conseguíamos resolver uno, pero la tranquilidad necesaria para descansar de verdad no llegó en ningún momento.
Permanecí acostada junto a Adrián durante horas, escuchando su respiración en la oscuridad, sintiendo el peso de su brazo alrededor de mi cintura y observando las sombras que la luz de la ciudad proyectaba sobre el techo, mien