118. No es una pregunta.
El amanecer no trae alivio, trae continuidad, como si la noche no hubiera sido una pausa real sino una extensión más silenciosa de todo lo que sigue creciendo entre nosotros, y al abrir los ojos no necesito moverme para saber que Adrián ya está despierto, porque su presencia se siente antes de verla, estable, cercana, firme.
Permanezco unos segundos quieta, respirando despacio, dejando que el cuerpo registre ese equilibrio extraño entre calma y tensión que se volvió constante, y cuando giro el