117. El aire se espesa.
La noche no se cierra del todo cuando entramos al departamento, porque algo del ritmo que traemos sigue latiendo en el cuerpo, una energía que no se apaga con la puerta ni con el silencio, y apenas dejo el bolso a un lado siento que no quiero frenar, que detenerme implicaría pensar demasiado, ordenar cosas que todavía no tienen forma clara.
Adrián lo percibe sin que tenga que decirlo.
Se queda cerca, observándome con esa atención precisa que nunca invade pero siempre alcanza, como si midiera ca