116. No dormiste mucho.
La madrugada se disuelve con lentitud, como si el tiempo decidiera quedarse un poco más en ese punto intermedio donde nada exige todavía y todo respira con una calma contenida, y al abrir los ojos siento el peso de la noche anterior todavía presente en el cuerpo, no como cansancio sino como una marca suave, constante, que se instala bajo la piel.
Permanezco en silencio unos segundos, mirando el espacio apenas iluminado, dejando que la mente recorra lo que pasó, lo que se dijo, lo que quedó en p