115. Te vi distinta hoy.
La noche se instala con una calma que no engaña a nadie, porque debajo de esa quietud todo sigue en movimiento, cada pensamiento, cada duda, cada emoción que ninguno de los dos termina de decir en voz alta, y mientras dejo el bolso sobre la mesa siento que el cansancio del día no se queda en el cuerpo, sino que se mezcla con algo más profundo, algo que tiene que ver con lo que empieza a doler un poco más de lo esperado.
Adrián cierra la puerta detrás de nosotros con un gesto lento, sin apuro, y