106. Ya está.
Camino hacia el auto con el sobre guardado en el bolso y una conciencia muy clara de cada paso que doy, como si el cuerpo registrara que algo cambió de forma definitiva, y al levantar la vista encuentro a Adrián esperándome con esa quietud cargada que adopta cuando analiza más de lo que dice, con los ojos fijos en mí, midiendo, entendiendo, sosteniendo.
Me detengo frente a él sin hablar de inmediato, dejando que ese instante se estire lo justo, porque necesito sentirlo cerca antes de poner en p