Siete días. Siete días de un silencio sepulcral que se sentía como una soga apretándose alrededor de mi cuello. Había intentado llamar a Cloe, le había enviado mensajes que nunca fueron respondidos, y cada vez que pasaba por su habitación en la villa, la puerta estaba cerrada con llave. Me ignoraba como si yo fuera un fantasma, como si la pasión que quemó las sábanas de mi cama nunca hubiera existido.
El orgullo de un Russo es una bestia peligrosa cuando se siente herida. Y el mío estaba sangran