—Por Liam —respondió Mía simplemente—. Porque en algún momento, el dolor se vuelve un poco más pequeño. No desaparece, nunca desaparece. Pero te vuelves más fuerte. Y un día, te despiertas y el primer pensamiento no es el dolor, sino un recuerdo bonito. Un chiste que hizo, una caricia, una forma en la que te miraba. Y entonces sonríes. Y ese día, ese día ganas.
—Yo no quiero sonreír —dije con rabia—. Quiero que vuelva. No me importa el proceso, no me importa aprender a vivir. Quiero que vuelva.