Capítulo 27.
El gran salón de los Harrington era un manicomio de terciopelo. Lucille Harrington, con su rostro demacrado por el pánico, caminaba de un lado a otro, dejando un rastro de indignación perfumada. El accidente de Evelyn no era una tragedia humana para ella, sino un desastre social.
—¡Esto es un escándalo! ¡Un escándalo! —gritaba Lucille con las manos apretadas—. La sociedad se va a devorar esto. Dirán que hay violencia en mi hogar, que el idiota de mi yerno golpeó a una invitada. ¿Qué demonios pa