Mis padres me miraron parcialmente en estado de shock. No empezaron a chillar, que ya es mucho. Los colmillos desaparecieron a los pocos segundos. Los miré sintiéndome pequeña, sin tener claro cómo reaccionarían a aquello. Saber que mi madre era una vampiro ya había sido un buen golpe a nuestra pequeña familia. Pero verme como era en realidad, con esa parte de mí más viva de lo que cabría esperar, era otra cosa.
—Atlantic —masculló mi padre, mirándome con expresión confundida—. Eso son colmillos retráctiles. De vampiro. Es imposible.
—Debería de ser imposible —admití—. La realidad es otra.
—Eres una híbrida —murmuró mi padre—. Los híbridos no poseen esa característica.
—Los híbridos de humano y vampiro, desde luego, no —le concreté finalmente, sintiendo la tensión alrededor nuestro—. Pero por lo visto un híbrido de vampiro y lobo, sí.
—¿Lobo? —me preguntó mi madre mientras me tomaba la mano. Supongo que eso era señal de que no me tenía miedo. Hice un gesto afirmativo con la cabeza.
—¿Q