83
Desde luego, no pasaríamos desapercibidos. Dos coches de gama alta cargados de lujos y con ventanas tintadas, seguidos de dos todoterrenos con un motor potente pero con suficientes abolladuras y varias salpicaduras de barro que dejaban claro que habían sido exprimidos al máximo. No tengo claro si Valentín había obligado a Roman a acompañarnos en aquel viaje o si había sido solo una consecuencia de la curiosidad malsana del vampiro. Desde luego, su mirada provocativa había estado allí al llegar f