Desde luego, no pasaríamos desapercibidos. Dos coches de gama alta cargados de lujos y con ventanas tintadas, seguidos de dos todoterrenos con un motor potente pero con suficientes abolladuras y varias salpicaduras de barro que dejaban claro que habían sido exprimidos al máximo. No tengo claro si Valentín había obligado a Roman a acompañarnos en aquel viaje o si había sido solo una consecuencia de la curiosidad malsana del vampiro. Desde luego, su mirada provocativa había estado allí al llegar frente al edificio de mis padres, donde habíamos quedado para empezar nuestra expedición. Se había llevado más de un gruñido bajo a modo de respuesta pero no parecía especialmente irritado con ello. Como si todo aquello le pareciera de lo más divertido. Había un contraste entre él y mi primo más que notorio. Roman no parecía tan oscuro, tan formal, tan rígido. Quizás por eso eran buenos amigos.
Ned estaba al volante de nuestro todoterreno, con Tim de copiloto. Jan y yo nos habíamos instalado en l