No hablamos por el camino, no me sentía con ánimos de hacerlo. Estaba nerviosa. De forma instintiva miraba a la gente que nos rodeaba, captando alguna mirada curiosa. Quizás por el hecho de ser turistas. Quizás por el aspecto de Jan, que incluso estando relajado y con una generosa sonrisa en la cara, no dejaba de ser imponente. ¿Cuántos sospecharían que era un lobo? ¿Se preguntaban qué hacía alguien como yo de la mano de alguien como él? Probablemente muchos. Pero cabía una tercera posibilidad.