Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos trabajadores de aquella área habían desaparecido y nos cruzamos con varios puestos militares, pero Valentín los abatía sin demasiada dificultad mientras nosotras hacíamos lo que podíamos para distraer la atención de los hombres y facilitarle el trabajo. Estábamos a punto de llegar al exterior cuando escuchamos la primera explosión en el recinto.
—No van a dejar pruebas dentro —lamentó Valentín.
—¿Roman? —le pregunté en un susurro.
—Nos esperará en el coche. Estaba mal pero no acabado del todo —me contestó mientras finalmente salíamos del edificio y tras alejarnos empezamos a ver cómo las llamas empezaban a devorar el edificio, el humo ascendiendo en dirección a las estrellas—. Menuda noche.
Llegamos al coche siguiendo a Valentín, sin encontrar más resistencia. Rom







