Mundo ficciónIniciar sesiónTras tres días instalada en el piso de Valentín, podía decirse que empezaba a acostumbrarme a esa rutina. Fausto empezaba a caerme bien. Algo que no sería por mérito propio: no había conseguido ver un atisbo de sonrisa durante ese tiempo, en su cara. Pero había en él una especie de adoración, rozando el fanatismo, hacia Valentín. Así que si Valentín mostraba interés por mi persona, Fausto se habí







