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Vale, quizás Carla había tenido razón.

Hasta me sorprendía que siguiera sentada a mi lado, teniendo en cuenta que los paliduchos habían empezado su campaña anti-mi-persona.

Supongo que era más fácil y accesible que el gran grupo de cambiantes sentado al final del aula.

Las primeras notas aparecieron el tercer día de empezar las clases. Notas amenazantes, escritas con tinta roja.

¿En serio hac&iac

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