Se sostuvieron la mirada. La chamán y el hijo del alfa. Un duelo entre las que podía sentirse como dos autoridades.
—No voy a enfrentarme a mi padre para liderar la manada de Sita —sentenció Jan con voz firme y dura.
Lía rio con un tono agudo.
—Ese nunca fue tu destino, muchacho —le contestó—. Pero eres un alfa. Es hora de que muestres tu autoridad. Que consolides tu manada. Vuestra manada.
—¿Se ha vuelto loca del todo? ―masculló Hang.
―¿Eres un cobarde? ¡Sabes que puedes hacerlo! ¡Sabes que ha