Al poco vinieron a buscarnos para continuar con el ascenso y pronto se hizo evidente que Luna estaba en mejor forma física que yo, pero conseguí mantener más o menos el ritmo, así que llegamos a última hora de la mañana. El lugar era paradisiaco: el verde de los prados, la tonalidad musco que cubría los troncos y las montañas del norte de telón de fondo.
No me sorprendió encontrar a varios lobos jugueteando alrededor del lago y un par más estirados de forma perezosa sobre unas rocas, bajo la lu